lunes, 23 de agosto de 2010

La decisión final de Lori Berenson

¿Dónde está Lori Berenson? Sólo ella lo sabía durante la tarde cuando se encontraba haciendo unos trámites consulares en la embajada de los Estados Unidos y eso de pueda dar fe James Fennell, vocero de prensa de la embajada, que de inmediato desmintió que la aún acusado por terrorismo se haya querido asilar en dicho recinto. Mientras ella se encontraba de lo más feliz conversando con sus paisanos, no sabía en que su domicilio estaba siendo buscada por los efectivos del Poder Judicial hasta que recibió la llamada de su abogado y esposo, Aníbal Apari, a eso del medio día que al parecer le dijo: “Lori te están buscando para que regreses al Penal, mejor huye”. Ella aturdida y sin poder salir de su asombro por las circunstancias no sabía qué hacer a pesar de que sabía que decisión que había tomado el Poder Judicial ya era inminente, se mordía las uñas casi hasta los huesos y se tomaba el pelo constantemente, pero después de sentarse un rato lo reflexiono mejor y habrá pensado “ni hablar yo no regreso al Penal por un error de los assholes del Poder Judicial”.


Bueno también que Lori creía que había salido con las suyas luego que Jéssica León Yarango, jueza del Primer Juzgado Supraprovincial, le otorgara la libertad condicional (metiendo la pata estrepitosamente), a pesar de que no había cumplido las tres cuartas partes de su condena, que en su caso sería de 15 años, ya que ella fue condenada a 20 años de prisión por la colaboración en atentados terroristas en la década de los 80. Mientras Lori estaba muy feliz y vivia sonriendo con su hijita por unos meses, Luis Marill del Águila, Viceministro de Justicia, decidió arreglar la metida de pata de la ya separada y ex jueza Jéssica León y dejó nula la libertad condicional que se le había otorgado. La velocidad con la que actuaron las autoridades peruanas dejo impresionado a todos hasta la misma familia de Lori Berenson que a la hora que se aprobó el fallo judicial ya se encontraba en su domicilio de Miraflores, es más su esposo que había estado en ropa interior y tuvo que cambiarse inmediato al ver la cara de pocos amigos de los policías.

De vuelta a la embajada de Estados Unidos, la incertidumbre albergaba todos los pensamientos de Lori mientras la policía nacional llegaba a donde se encontraba. “¿Escapar o entregarme? Ese es el dilema” resumiendo todo su drama a una dicotomía casi shakespierana. Pero toda su duda se resolvió cuando vio la foto de su pequeña hija y se puso a pensar sobre su futuro, en ese momento decidió entregarse sin ofrecer mayor resistencia y por fin cumplir con la sentencia que aún no había cumplido. De algún modo quería limpiar su imagen para el futuro, para que no la recuerden como una terrorista revoltosa que se negó a colaborar y que más bien opto por hacer lo correcto y para que su hija no se avergüence de ella. Es por esto que a casi a las 4 de las tarde, Lori no ofreció mayor problema para ser intervenida por lo policías e incluso los espero con una sonrisa y les dijo, “Por favor, déjenme ver a mi hija e iré tranquila”

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