miércoles, 24 de noviembre de 2010

El mito del golpe: Gabo y Vargas LLosa

Todo listo para la función privada de cine el 12 de febrero de 1976. Los invitados estelares de la noche: Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dos grandes de la literatura latinoamericana. Gabriel espera la llegada de Mario para sentarse juntos. “¿Qué pasa con Mario que se demora tanto?”, pensaba el colombiano. En eso entra por la puerta estelar el peruano Vargas Llosa y Gabo sonrió de manera cómplice, pero no sé imagino lo que Mario tendría en mente. Gabo extendió los brazos para abrazar a Mario, pero la reacción de su colega no fue la misma. Mario le propino un golpe certero en el ojo izquierdo que dejo lleno de sangre a Gabo. “Qué tal concha la tuya para abrazarme después de lo que hiciste con Patricia, la mujer de Vargas Llosa, en Francia”. La amistad se acabo aquel día, pero la leyenda de aquel momento quedo perenne en la memoria colectiva


El recuerdo fotográfico
A los dos días del golpazo, Gabo, en un acto un poco puñalero, se dejo fotografiar por Rodrigo Moya en la casa del mismo en la colonia Nápoles de México. “¿Qué te paso Gabriel?”, exclamó el fotógrafo. “No hagas preguntas solo toma las fotos para joder al buen Marito”, dijo el autor de “Recuerdo de mis putas tristas”. Lo curioso es que el fotógrafo las guardo durante 30 años, y espero para publicarlas, en el año 2007, cuando Gabo cumplió 80 años en el diario mexicano “La Jornada” en un artículo llamado “La terífica historia de un ojo morado”, debido a que el mismo García Márquez le pidió que lo hiciera, es más le dijo que mejor que él se quede con las fotos y que le envíe las copias.


¿Qué paso en verdad?


Muchos especulan cuál es la razón por la que se pelearon. Muchos creen que fue un lío de faldas el que originó todo este problema. Otros piensan que fue debido a cierta inclinación política del autor de la Fiesta del Chivo hacía el ala de derecha. Lo cierto es que han pasado más de cuatro décadas y la rivalidad sigue tan intacta como anecdótica. Aunque ambos sean dos leyendas vivas de la literatura latinoamericana, los dos están tercos en no tratar de reconciliarse. Al parecer solo la tumba y las flores serán las que pondrán fin a esta disputa entre los dos nobeles de la literatura.  


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